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Fuego sobre IFACH. La destrucción (IV)

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Fuego sobre IFACH. La destrucción (IV)

Sería lógico pensar que, de amerar la flota castellana en los alrededores del peñón, eligiera ese frente para disponer los barcos. Pensemos aun más, que la obligada necesidad de acercarse lo máximo posible al objetivo para poder acertar con éxito, les obligaba a disponer las naves en el frente donde la muralla de la villa se encuentra más próxima al mar. A pesar de ello y de lo que indican las fuentes y estudiosos de la época, creemos firmemente que junto al bombardeo de la villa debió de existir la toma terrestre de la villa, ésta que sí produce los daños e incendios que estamos documentando en los últimos niveles de ocupación de la villa. La destrucción fue un hecho incontestable, aunque no acabó con los habitantes de Ifac, que siguieron ocupando la villa bastante tiempo después, como hemos podido confirmar por los restos arqueológicos documentados en las dos primeras campañas de excavación.

La destrucción de Ifach, junto con el asalto a Guardamar, fue la única acción militar exitosa del Orgullo de Castilla, de la flota que iba a acabar con el dominio naval aragonés. El rey de Castilla decidió dar por terminada la campaña, retirándose a Alicante, donde tuvo una breve escamaruza con la guarnición que defendía la plaza, y después a Cartagena, donde ordenó el licenciamiento de las naves, dirigiéndose a sus puertos de origen las naos cántabras y las naves portuguesas, en tanto que las galeras a las órdenes del Almirante retornaron a Sevilla. Como punto final a la aventura marítima del año 1359, ordenó a García Álvarez de Toledo y al teniente de las Atarazanas de Sevilla, Martín Yáñez, armar 20 galeras para interceptar en el Estrecho 12 naves venecianas, aliadas del rey de Aragón, que se dirigían a Flandes. La flota aragonesa sólo salió de Denia para perseguir a la flota castellana, cuando ésta ya se encontraba a la altura de Almería.

El conflicto pasó, y aunque hubo algunos episodios bélicos en años posteriores[1], Ifach había quedado destruido. La documentación administrativa del conde de Denia que consultó acertadamente el añorado historiador calpino Jaume Pastor Fluixà, nos indica que, seguramente, el conde hizo alguna reforma en el lugar, pero no tuvo resultado satisfactorio, ya que tres años después, en 1362, se hacía patente lo inútil del esfuerzo. En ese documento, Jaume Sellés, lugarteniente del procurador en el término de Calpe, informa de que el lugar de Ifac no cuenta con el recaudo necesario para los tiempos que corren, que no se cumplen las normas dadas para su vigilancia y, que incluso muchos de los que tenían allí sus tierras y casas, y que anteriormente vivían en el mencionado lugar, han abandonado su hogar, desamparando el poblado, en contra de la fidelidad que debían al conde, creando una situación de peligro en caso de algún ataque enemigo. De todo ello, el Conde de Denia considera responsable a Jaume Sellés en su calidad de lugarteniente del procurador, ordenándole que inmediatamente haga un bando público para que todos aquellos que tengan heredades en la zona de Ifac, o que anteriormente hubieran residido allí, vuelva a poblarlo, de lo contrario incurrirán en traición, viéndose la causa en la corte de justicia señorial, especialmente aquellos que tienen obligación de vigilar desde el Peñón[2]. El mismo día 13, el conde manda otra carta dirigida a los pocos habitantes que aún conservaba Ifac -no parece que se hubiera abandonado después de la destrucción en 1359, como hemos podido demostrar en las excavaciones arqueológicas- agradeciéndoles los esfuerzos realizados para mejorar las condiciones del lugar, notificándoles que ha enviado a Jaume Sellés la orden de que éste haga un bando público en todos los lugares del término.

Sin embargo, a pesar de los intentos, la vida allí habría sido muy complicada. En el año 1369, ya no se cobraban rentas del horno de Ifach por estar destruido[3]. Esa noticia es ampliada en el año 1383 cuando se habla de las albaquias (deudas) contraídas por la villa de Calpe que son numerosas en los años anteriores pero que son imposible de cobrar por la enorme cantidad de deudores muertos con la guerra de Castilla, añadiendo a continuación que el horno de Ifac estaba destruido por la guerra y el lugar, despoblado[4].

De esta forma, con la progresiva desaparición de la población y el paulatino abandono y destrucción de hornos, casas, calles y murallas, acaba el episodio más trágico acaecido en la villa de Ifach. Su final acabó con el sacrificio de los que allí vivían, destruidos sin ayuda externa para evitar una gran batalla que hubiera traído una gran mortandad. Ahora, y con motivo de las excavaciones que estamos realizando en la villa, volvemos a reconstruir este pedazo de la historia de Calpe y a sacarlo de la sombra del pasado, dándole el lugar que se merece a los restos de un pueblo que vivió y murió para salvar a muchos otros. Esperemos que su ejemplo sirva para las generaciones futuras.


[1] Dentro de este mismo conflicto entre Castilla y Aragón, se produjo una batalla naval en el año 1366 enfrente de las costas de Calpe a la que dedicaremos un artículo en otra ocasión.

[2] PASTOR FLUIXÀ, 1988, 99; ARV Procesos, Madrid, Letra L, num 86, fol 28 y 29).

[3] PASTOR FLUIXÀ, 1988, 98; ARV Maestre Racional, num. 9.599, fol. 1-92.

[4] ARV, Maestre Racional, num 9.599, fol. 18-22.

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