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Un estudio sobre un oinokhóe decorado confirma la existencia de un importante asentamiento ibérico en Ifach

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Dibujo de los restos y decoracion del oinokhoe de Ifach

Otro de los trabajos presentados en el catálogo de la exposición es el realizado por Enric Verdú referente al oinokhóe prodecente de Ifach descubierto en los fondos del MARQ y perteneciente a las campañas arqueológicas de la Dra. Carmen Aranegui en los años 70 del siglo XX. Conociendo la existencia de este asentamiento por otros estudios anteriores, el trabajo de Enric tiene doble mérito. Por un lado, hemos recuperado una pieza fragmentada que se encontraba en los fondos del museo y que hasta ahora no era conocida. Y por otro, la oportunidad de recuperar materiales antiguos del yacimiento nos tiene que servir para poner orden a una gran masa de información en la futura idea de mostrar cómo era el asentamiento de Ifach en época ibérica, en la creencia que es la linea correcta que debemos de continuar en este apartado de la investigación

Las primeras excavaciones arqueológicas en el Peñón de Ifach, emprendidas por J. Belda durante los años 60 del siglo XX, y los trabajos dirigidos por la profesora C. Aranegui una década más tarde, proporcionaron una serie de materiales de la Edad del Bronce y época ibérica, asociados estos últimos en la ladera septentrional del peñón a estructuras muy deterioradas. En este lote, compuesto básicamente por cerámica indígena, se incluyen además fragmentos de vasos áticos y campanienses B contemporáneos, ánforas grecoitálicas y Dressel 1 (Aranegui, 1973, 68-69; 1986, 53), como también señala E. Llobregat en su Contestania ibérica (Llobregat, 1972, 58-59 y 109), indicando una amplia cronología de entre la segunda mitad del siglo V y el I a. C. No hay indicio en este conjunto ni de campaniense A ni de cerámica ibérica con decoración compleja, lo que supone un serio inconveniente a la hora de valorar hallazgos como el que presentamos, resuelto en parte si consideramos una prolongada ocupación ibérica en el lugar.

La revisión de todos estos materiales, junto al detenido estudio de los hallazgos de las últimas excavaciones, nos está permitiendo actualmente conocer más datos sobre las características de la presencia ibérica en Ifach, del mismo modo que posibilita sacar a la luz nuevas piezas de especial interés. En las catas ID y IE de la excavación de C. Aranegui, durante la campaña de 1975, se rescataron dos pequeños lotes de fragmentos de cerámica pintada, algunos de los cuales identificamos como pertenecientes a un jarro u oinokhóe ibérico, no pudiéndose reconstruir el perfil completo, aunque sí buena parte del mismo. A la hora de analizar este hallazgo podemos considerar dos elementos fundamentales. Por un lado, la forma es propia del servicio de mesa, aunque con una serie de peculiaridades que la convierten en una pieza excepcional. El segundo elemento a considerar sería la decoración, con claros paralelos en la protohistoria levantina, aunque con una personalidad propia dentro del imaginario ibérico, siendo precisamente éste el rasgo esencial que confiere a este vaso un gran interés.

El oinokhóe presenta un borde exvasado que debió ser trilobulado, con labio plano, estrecho y colgante, y el arranque del cuello, de tendencia cilíndrica algo acampanada, unido a un cuerpo piriforme o panzudo por una moldura horizontal en relieve. Dispondría de una asa vertical, que no se conserva. La pasta es muy depurada, color naranja vivo, con desgrasante muy fino. Se observan algunos agujeros circulares de laña o que pudieron servir para colgar la pieza de la pared, y la superficie externa cuenta con un acabado liso.

 La forma es bien conocida en multitud de yacimientos ibéricos de la costa mediterránea fundamentalmente a partir del siglo III a. C., siendo especialmente frecuente en las comarcas del Camp del Túria, y caracterizándose por presentar el diámetro máximo en el tercio inferior y por su gran tamaño (Mata y Bonet, 1992, 132). En el último cuarto de este siglo surgen además nuevas formas entre las que destaca el lébes con pie anular destacado y otras formas de clara inspiración helenística y púnica como los vasos plásticos e imitaciones de cerámicas campanienses A (Bonet e Izquierdo, 2001, 279; Bonet y Mata, 2008, 153-155).

Tras varios siglos de evolución, la vajilla ibérica había alcanzado a fines del período pleno un elevado grado de calidad y especialización, lo que se observa en su amplitud tipológica y variedad de los recursos decorativos. Los motivos geométricos, característicos de las cerámicas más antiguas, nunca llegarán a desaparecer y empiezan a combinarse a partir del siglo IV a. C. con estilizaciones vegetales y elementos más complejos, ocupando áreas cada vez más amplias en los vasos. En el caso concreto del oinokhóe, la configuración del cuerpo, cerrado y profundo, y del borde, especialmente concebido para verter líquidos, así como la asa lateral, sobreelevada y elegante en los ejemplares que la conservan, indica una funcionalidad clara. Los jarros piriformes suelen ser de mayor tamaño que los de cuerpo troncocónico o tendencia cilíndrica, como se constata en la Serreta (Alcoi, Alacant) (Fuentes, 2007, 150), hallados generalmente en ambientes domésticos, aunque también en templos o pozos (Aranegui, 1997b, 42) y más raramente en necrópolis. En la mayoría de hogares existirían ejemplares similares para transportar bebidas desde contenedores de mayores dimensiones y servirlas en vasos o copas.

 El rasgo más sobresaliente de este recipiente es la excepcional decoración que recubre sus paredes externas por completo, lograda mediante el empleo de la típica pintura de óxido de hierro color rojo oscuro. Sobre el labio se observan "dientes de lobo" y bajo el borde un friso horizontal enmarcado por dos bandas paralelas y finos trazos oblicuos entre ambas, como en la moldura existente en la zona de unión entre el cuello y el cuerpo. Es en éste último donde se desarrolla una escena de la que podemos conocer algunos de sus elementos. Se aprecia la parte delantera de un caballo al galope hacia la derecha, montado por un personaje masculino con pectoral cruzado, faldellín y zapatos puntiagudos. Frente a estas figuras aparece otro animal, quizá un lobo, de gran tamaño y con un gran ojo circular de marcada pupila. La escena se encuentra envuelta en roleos y flores compuestas con rallado interno.

Piezas con decoración figurada como la que presentamos reflejan el elevado grado de complejidad alcanzado por la sociedad ibérica (Bonet e Izquierdo, 2001, 273; Bonet y Mata, 2008, 147). Las características de esta decoración son propias del denominado “estilo Oliva-Llíria” o “narrativo”, concepto que agrupa a las primeras decoraciones vegetales y figuradas halladas en las comarcas valencianas centrales. La idea surge en los años 30 y 40 del siglo XX, en pleno debate sobre la cronología de la cerámica ibérica, siendo autores como I. Ballester (1935), A. García y Bellido (1943) o M. Tarradell (1968, 206 y 208) los que insisten en la validez de la noción de “estilo narrativo” (Aranegui y Pla, 1981, 84-85; Bonet, 1995, 443; Bonet e Izquierdo, 2001, 279-282; Tortosa, 2006, 44 ss.; Bonet y Mata, 2008, 155-156), y su aplicación en los trabajos de investigación para identificar unas decoraciones cerámicas que se extienden desde el sureste peninsular hasta el valle del Ebro.

En general, las decoraciones del “estilo narrativo” se desarrollan en bandas continuas o frisos, y representan escenas de carácter heroico con una fuerte simbología, en las que aparecen personajes nobles (caballeros, damas, guerreros, músicos, sacerdotes) (Aranegui, 1987, 117 y 119) y animales fantásticos (al igual que el “estilo Elx-Archena”). Aunque los temas suelen repetirse, las escenas nunca son exactamente iguales.

Con el paso de los años se ha visto que la tradicional división entre los estilos clásicos “Oliva-Llíria” y “Elx-Archena” resulta demasiado simplista e insuficiente para caracterizar la totalidad de manifestaciones decorativas figuradas de estas regiones levantinas (Aranegui, 2000, 293-294; Mata, 1991, 129; Grau, 2007, 111, entre otros), aunque a efectos prácticos, y pese a encontrarse obsoletos, aún hoy resultan útiles. La existencia de estos dos grandes estilos decorativos no impide considerar otras producciones locales asociadas a grandes asentamientos urbanos (Grau, 2006, 63), que también requerirían talleres integrados por personal especializado en los que se dividía el trabajo entre el alfarero propiamente dicho y el encargado de decorar las cerámicas (Bonet, 1995, 448).

Los estudios efectuados en el Tossal de Sant Miquel (Llíria, València) y las comparaciones con otros yacimientos cercanos como el Puntal dels Llops (Olocau, València), han retrasado la aparición de la imagen figurada en la cerámica ibérica hasta finales del siglo III e inicios del II a. C. (Bonet y Mata, 1982, 79 y 82; Bonet, 1995, 446-447; Bonet e Izquierdo, 2001, 283), coincidiendo con el momento en que se produce la destrucción del primer poblado. Este lenguaje iconográfico común abarcaría desde este momento hasta bien entrado el I a. C., concretamente entre el estallido de la 2ª Guerra Púnica y la conquista romana (Bonet y Mata, 2008, 155). Con anterioridad al siglo III a. C. las decoraciones vegetales y figuradas son más bien casos aislados (Conde, 1998, 302 ss.).

Todos los oinokhóai del Tossal de Sant Miquel son del tipo de boca trilobulada, aunque no de cuerpo piriforme o panzudo, sino que pertenecen preferentemente a la variante de cuerpo cilíndrico o bitroncocónico con hombro marcado, estando decorados generalmente con motivos geométricos, y de un modo más excepcional, con temas florales o figurados (Bonet, 1995, 413), estos últimos combinados con elementos vegetales complejos. Ambos tipos de jarros también conviven en el Puntal dels Llops (Bonet y Mata, 2002, 134) y se encuentran representados en otros establecimientos como el Castellet de Bernabé (Llíria, València), aunque aquí sólo se constatan motivos geométricos y ocasionalmente vegetales (Guérin et alii, 2003, 187-188). En el caso del Puntal dels Llops tampoco las decoraciones van más allá de los motivos geométricos complejos, destacando, sin embargo, un jarro con escena de caza (Bonet y Mata, 2002, 126-127, figs. 53 y 150).

 El “estilo narrativo” es propio de la Edetania, región fundamentalmente de carácter agropecuario, que emplearía quizás, tal y como se ha interpretado en alguna ocasión, un arte más “simple” y “realista”, retratando actos protagonizados por los hombres y mujeres de su comunidad, frente al gusto por lo simbólico de la región contestana, más abierta a los estímulos mediterráneos (Tortosa, 2006, 83). Pese a esto, en yacimientos contestanos como la Serreta o el Tossal de Manises (Alacant) aparecen cerámicas de “estilo narrativo” (Aranegui, 1987, 120; Maestro, 1989, 289-290, fig. 105), piezas seguramente realizadas por encargo muy cerca de estos yacimientos, y con claras similitudes con los ejemplares valencianos.

Extracto del texto del articulo que se puede encontrar en Verdu Parra, E., 2009,: "El jinete y el mounstro. Un oinokhóe ibérico de Ifach, Calp, Arqueología y Museo, Fundación MARQ, (Alicante). 

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Comentarios Un estudio sobre un oinokhóe decorado confirma la existencia de un importante asentamiento ibérico en Ifach

más que un comentario, es una pregunta: a raíz de esta confirmación, ¿el equipo de ifach se está planteando la posibilidad de abrir o reabrir algún sector ibérico para futuras campañas? un abrazo!
Bernat Bernat 25/01/2010 a las 22:23
Es una posibilidad. Hasta ahora hemos recogido muchos materiales de época ibérica y datos sobre las actuaciones anteriores (Belda 1962-64; Aranegui 1975-77 y ARPA 2005) pero faltaba una actuación nuestra donde obtuvieramos los datos nosotros. Aun no lo hemos decidido pero sería una opción futura perfectamente posible, aunque, conociendo el lugar donde se encuentran las estructuras, tendría que ser un sondeo que volviesemos a cubrir al acabar la actuación.

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